La contemporaneidad es, pues, una relación singular con el propio tiempo, que adhiere a este y, a la vez, toma su distancia; más exactamente, es esa relación con el tiempo que adhiere a este a través de un desfase y un anacronismo. Quienes coinciden de una manera demasiado plena con la época, quienes concuerdan perfectamente con ella, no son contemporáneos ya que, por esta precisa razón, no consiguen verla, no pueden mantener su mirada fija en ella.
—Giorgio Agamben (“¿Qué es lo contemporáneo?”, Desnudez, 2009)
¿Cómo es la relación entre las líneas de colores que se han tramado en un textil añejo andino y el desarrollo de la técnica pictórica moderna? César Paternosto (La Plata, 1931) se ha paseado por esta y otras preguntas a lo largo de seis décadas con ánimo de construir un sistema pictórico atento a aquello que se desplaza levemente de su propio tiempo, una suerte de alejamiento anacrónico que le ha permitido ver el presente inmediato en su dimensión fugaz e inestable. Este enfoque hacia el pasado le ha permitido entrar por el costado de lo contemporáneo. Sus inicios en el Grupo Sí en la ciudad de La Plata dirigieron su trabajo hacia la abstracción geométrica para, años más tarde, desarrollar una poética propia: la llamada visión oblicua.
Paternosto se radicó en Nueva York a partir de los años 1960 donde vivió inmerso en los debates contraculturales sobre la expansión de los límites de los medios artísticos tradicionales y el surgimiento de modalidades del conceptualismo internacional. Durante este capítulo que abarcó 37 años, el artista pintó sobre formas modulares, abrió ventanas y puertas dentro de las telas, inscribió signos arcaicos en la pintura monocroma y elaboró bandas cromáticas o marcaciones laterales que hoy son emblemáticas de su trabajo.
Sus viajes de investigación estético-antropológica sobre las culturas andinas anteriores a la colonización, realizados al final de los años 1970, propiciaron un acercamiento a temas del acervo arquitectónico, escultórico y textil de las culturas amerindias. Paternosto escribió sus observaciones sobre la abstracción en las culturas originarias de Sudamérica en el ensayo Piedra abstracta, que luego amplió y publicó en inglés, abriéndole un lugar de prestigio en Norteamérica y Europa. Esta exposición recoge la trayectoria del artista, residenciado en Segovia, que desplazó la superficie de la pintura abstracta para activar la visión periférica con la intención de neutralizar el frontalismo pictórico, moviendo la atención del centro de la tela hacia el borde como un inusitado espacio de exploración perceptiva.
Gabriela Rangel